martes, 5 de octubre de 2010

LAS GALLINAS

LAS GALLINAS
Las gallinas no son aves de puesta temporal ya que con mayor o menor intensidad van dando huevos todo el año, pero en su producción siguen el curso del año solar, yendo en aumento cuando los días van siendo más largos y en descenso cuando se acortan.
En los individuos domésticos el hábito de volar casi se ha perdido, pero conservan la costumbre de escarbar y el instinto de buscar por sí mismos los alimentos que más les gustan.
El promedio de vida de estos gallos es de siete u ocho años, aunque algunos ejemplares pueden llegar a vivir quince años.
Las aves domésticas poseen una serie de caracteres instintivos que señalan unas normas de conducta preestablecidas propias de la especie y que tienen estrecha relación con sus aptitudes anatómicas y fisiológicas.
Los individuos presentan una forma de vida eminentemente instintiva, lo que permite una notable capacidad de adaptación.
Las aves domésticas adaptan su vida a una serie de hábitos comportándose con gran regularidad a lo largo de los días.
Si los animales están sanos muestran una especial vivacidad y alegría, caracterizadas por desplazamientos pausados, cacareo, aleteo, canto del gallo, etc.
La gallina sin poseer una extraordinaria capacidad de orientación es capaz de desenvolverse con soltura en su territorio o hábitat, regresando diariamente a los mismos lugares de pernoctación.
La agresividad dentro del grupo se manifiesta por la tendencia al picaje a las aves prolapsadas, por la jerarquización individualizada y por la formación de clanes o grupos más o menos marcados.
En las manifestaciones instintivas de un ave social como es el del objeto de este estudio tiene gran importancia el factor mimético, siendo frecuente que el comportamiento de un individuo arrastre al conjunto hacia un tipo de conducta como escarbar, correr en bandadas, aseo, ataviado y rascado de las plumas, etc.
El instinto del apareamiento constituye un ritual, con acercamiento del gallo a la hembra. Ésta se agacha si está dispuesta para ser cubierta, en cuyo caso el macho a veces incluso inicia una breve danza en torno a ella, arrastrando el ala, montándola acto seguido por el dorso – cola mientras las colas de ambas aves se desplazan lateralmente para facilitar el acoplamiento recíproco de sus cloacas, momento en que se produce la eyaculación. Una vez el gallo desciende del dorso de la gallina, a veces ejerce un ritual arrastrando el ala, mientras que la gallina se sacude las plumas y se aleja.
Las gallinas poseen una serie de sonidos para relacionarse con sus compañeras, conociéndose diversos tonos de cacareo que expresan ansiedad, nerviosismo, aviso o alarma, dolor…, poseyendo éstas una gran riqueza expresiva.
Las aves presentan un comportamiento marcado por el ritmo de las estaciones del año y por los diversos momentos del día, es decir, están fuertemente sometidas a los influjos lumínicos y ambientales de los ritmos naturales.
Entre los actos que presiden el comportamiento natural de estos individuos se pueden mencionar :

Conquista y defensa del territorio : las aves tienden a situarse en demarcaciones concretas, especialmente los machos. La posesión de un territorio está relacionada con la madurez sexual y es muy característica en los machos dominantes.

Parada sexual : este comportamiento está relacionado con la reproducción y consiste en la aparición de juegos sexuales y relaciones enmarcadas directa o indirectamente por la monta. Estos factores están condicionados al ritmo estacional y a factores neuro – endocrinos.
Canto y cacareo : ambos están relacionados con la madurez gonadal, teniendo el canto del gallo una significación de dominancia. El cacareo corresponde a una situación de normalidad sanitaria.

Puesta: este fenómeno de la gallina surge al llegar a la madurez sexual, coincidiendo con el pleno desarrollo corporal. La puesta de huevos se produce durante determinadas horas del día y se efectúa preferentemente en lugares con penumbra.

Comportamiento general: las aves suelen tener gran curiosidad por conocer el medio ambiente que las rodea, con vivacidad y alegría. Suelen ingerir grandes cantidades de alimento y pasan gran parte del día descansando, cuidando el plumaje o durmiendo. Las aves sometidas a un ambiente natural deambulan por áreas determinadas, invirtiendo muchas horas en escarbar el suelo par buscar alimentos, especialmente por la mañana y por la tarde.

Reconocimiento mutuo: las aves dominadas suelen bajar la cabeza para pasar así desapercibidas. El conocimiento entre individuos no es general ni constante, pues la capacidad de reconocimiento se limita aproximadamente a un centenar de individuos, que pueden ser olvidados en unas dos semanas.

Respecto al concepto de jerarquía, término mencionado anteriormente, hay que señalar que en todo conjunto de aves existe siempre un orden o categoría de dominancia de unas sobre otras, es decir, siempre hay una que domina a las demás, otra que domina a todas menos a la primera siendo dominada por ella y así sucesivamente hasta llegar a la última, dominada por todas.
Partiendo del hecho de que las aves se reconocen mútuamente por señales de conformación de cresta, aparece en ellas gradualmente el orden de dominancia aunque éste no se desarrolla en los pollitos hasta después de pasadas algunas semanas de vida. Al principio, el hecho es muy ligero e impreciso porque los pollos aún no conocen bien y porque no se ha establecido el concepto de rivalidad, que se manifiesta por picotazos de los dominantes para ahuyentar a los dominados y por la aparición de peleas con creciente acometividad.
En los primeros días las manifestaciones sociales consisten en la satisfacción de las aves de sentirse en grupo, especialmente después de saciarse de alimento. A las dos semanas aparecen manifestaciones de rivalidad a base de juegos, con apariencia de combate, en que los presuntos dominantes yerguen la cabeza en actitud amenazante, en tanto que los dominados generalmente huyen o se someten de forma inmediata.
A la edad de dos meses , al finalizar la época de cría, se puede decir que está ya perfectamente definida la escala social de agresividad y cobardía.
Al alcanzar la madurez sexual, cuando el reconocimiento entre las aves es bueno y se produce la rivalidad, rige de forma completa el “orden de los picotazos”, con un perfecto status para cada ave, por lo cual no se producen peleas sino que, al acercarse una dominante, las demás se retiran, ya que de lo contrario recibirán picotazos sin opción a disputar el terreno.
Las luchas generalmente se producen a base de picotazos o intentos de picaje en la cabeza, que las aves dominadas aprenden pronto a esquivar.
La introducción de nuevas aves en un gallinero suele alterar el nivel de dominancia preestablecido, desarrollándose nuevas luchas para reequilibar el orden social.
El orden social disminuye cuando se restablece la situación de equilibrio, pues cada ave sabe perfectamente a que atenerse y las más tímidas se hacen escurridizas y rehuyen el enfrentamiento, en cuyo caso el enfrentamiento sólo puede producirse cuando no haya suficientes bebederos o comederos.
Los elementos que intervienen en el picaje han sido ampliamente estudiados, estando ligados con la edad de las aves, la territorialidad, la iluminación, el número de aves totales alojadas en un gallinero, la densidad de población, etc.
En cuanto a su comportamiento en el acoplamiento, merece la pena indicar que la frecuencia de éste depende del lugar que el gallo ocupe en el escalafón social del grupo, efectuando así más frecuentemente el acto sexual los más fuertes que los débiles, ya que los primeros obstaculizan a los otros.
La preferencia de los gallos está demostrado que se dirige casi siempre a las gallinas de su misma raza y, dentro de un grupo uniforme, hacia algunas determinadas que les pueden demostrar más sumisión. En cambio, las gallinas que ocupan los puestos superiores en el escalafón social de la comunidad son menos propensas a dejarse dominar por los gallos para la cópula, manifestándolo a veces ostensiblemente al no agacharse como otras al tener al gallo cercano.
El descanso podría definirse como un proceso de inactividad prolongado, parte del cual se desarrolla en forma de sueño. El sueño proporciona entre otras cosas la relajación muscular. El sueño es muy importante para la normalización de las funciones nerviosas en general y muy especialmente frente a las exigencias marcadas por las situaciones de estrés.
Las actitudes posturales durante el sueño vienen marcadas en función de la temperatura ambiente. Al principio, las aves permanecen con la cabeza baja, para pasar a colocarla bajo el ala antes de la madrugada, posiblemente para evitar pérdidas de temperatura a nivel de la cresta y barbillas.

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